Opinión

Contraesquina

¿Moratoria constitucional… ¡Wtf! Diputado?

Por: Omar González García

A los políticos les encantan las frases que arrebatan a la tribuna, producen palmas en el tendido y “me gusta” en las redes sociales. Tiquimiquis de tiempo completo en la tribuna, hacedores de un spin discursivo ininteligible, desconocen el idioma y, no lo diga en voz alta, hacen el ridículo.

El resbalón idiomático, constitucional, político e histórico –el orden de los factores no altera el producto— corrió esta vez por cuenta del exgobernador de Querétaro (1997-2003), Ignacio Loyola Vera, hoy diputado federal por la misma entidad que ha propuesto: “una moratoria constitucional… con la unión de los partidos de oposición: PAN, PRI, MC y PRD, declaremos ya la moratoria. No habrá cambios a la Constitución hasta que termine este mal Gobierno” (sic).

Moratoria, dice el mataburros –el señor juez de la Tremenda Corte así le llama al diccionario— señala, al estipular el concepto, que hablamos de una: “Prórroga en el plazo establecido para algo, especialmente el pago de una deuda o el cumplimiento de una obligación”. Dos cuestiones saltan como preguntas al ir a la definición del diccionario y contrastar ésta con los dichos de Loyola. ¿Al aprobar leyes en la cámara se pagan deudas o se cumplen obligaciones? El sentido común indica que ni una ni otra cosa sucede. Resbalón idiomático.

El diputado Loyola Vera al utilizar el término, inexistente por lo demás de, “moratoria constitucional”, incurre en un giro discursivo falaz que puede entenderse como un intento de “manipular el significado, torcer la verdad para fines particulares, generalmente con el objetivo de persuadir…” a una audiencia, tal y como sostiene  Lynda Mugglestone, en «Un viaje a través de Spin». Resbalón jurídico.

Luego del neoconconcepto constitucional no contemplado todavía en ningún diccionario jurídico a la fecha conocido, Loyola explica que: “al sumar los votos de los legisladores del Partido Acción Nacional (113), del Partido de la Revolución Democrática (14) de Movimiento Ciudadano (24) y sólo 16 de los 71 votos de los diputados del Partido Revolucionario Institucional se obtendrían 167 votos, es decir, la cantidad suficiente para frenar los cambios que busquen aplicarse a la Constitución, en tanto, son necesarias las dos terceras partes de los 500 diputados que conforman la Cámara Baja”. Es decir, que don Ignacio da un margen para la fuga de, máximo, 55 priistas. ¡Qué mal gusto! Resbalón político.

“No habrá cambios a la Constitución hasta que termine este mal Gobierno” (sic). El resbalón histórico se cuece aparte: En las primeras horas del 16 de septiembre de 1810 las campanas de la iglesia de Dolores, sonaron a toque de arrebato y convocaron al pueblo a luchar en contra de la representación de la corona española en ese momento, un tal José Bonaparte impuesto por las armas francesas tras la auto defenestración de Fernando VII, a quien Hidalgo lanzó vivas, tantas como mueras al mal gobierno del propio Bonaparte a quien tachó así de ilegitimo e impuesto por las bayonetas napoleónicas tras la firma de la Constitución de Bayona. Ése y no otro era el mal gobierno al que Hidalgo aludía.

No deja de ser curioso que Loyola hable de “mal gobierno”, una expresión que esta administración enderezó a una de sus muchas bestias negras favoritas: Felipe Calderón. Pero como spin, ¡Huy, mal gobierno! es pegador, frasecita detonadora, aplauso fácil, capotazo para el tendido.

En realidad, lo que Loyola quiere, ¡Wtf  Diputado, Wtf!, es una dilación a la que es posible agregarle el término de constitucional. Lo que Loyola pretende, con argumentos escasos de luz es una: “Demora, tardanza o detención de algo por algún tiempo”, para el caso, las pretendidas reformas constitucionales del último tramo de este gobierno escaso también de luces. El problema de Loyola es su incapacidad de verbalizar con pulcritud sus ideas.  

Consultor en derecho constitucional.

Tw: @Pagina23Anaquel

Correo electrónico: dcconsultoriaaplicada @gmail.com

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