Opinión

La educación en México es un tema toral.

José González Morfín

La Secretaría de Educación Pública (SEP) ha dado a conocer un proyecto de nuevos planes y programas de estudio para educación básica que ha causado una gran preocupación entre académicos, intelectuales, estudiosos de la educación, organizaciones de padres de familia, e, incluso los propios maestros de educación básica, por las consecuencias negativas que puede ocasionar.

El documento dado a conocer por la SEP es tan confuso que no quedan claros los objetivos que se persiguen. Sin embargo, se puede ver con claridad que contiene una visión sectaria e ideologizada, que deja de lado los fines pedagógicos y le da más importancia a dogmas y premisas que son imposibles de comprobar. Sin un diagnóstico claro, se pretende transformar la educación moderna actual por otra que no tenga como eje central al alumno sino a la comunidad.

En el plan de estudios se establece que desaparecen las asignaturas, los grados, las evaluaciones (los alumnos se evaluarían a sí mismos) y los maestros no estarían obligados a seguir el plan de estudios oficial, podrían libremente transformarlo o adaptarlo al contexto de su comunidad. Esto, además de que no hay antecedentes en México ni en ninguna parte del mundo de una educación comunitaria, pasa por encima de principios constitucionales como el laicismo y la rectoría del Estado en la educación.  Además, el artículo tercero constitucional, establece el carácter y los fines nacionales de la educación así como que ésta debe basarse en los avances del desarrollo científico y luchar contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.

Hace algunos años, un estudio del economista Gerardo Esquivel (hoy Subgobernador del Banco de México) publicado por Oxfam, arrojaba muy importantes datos sobre la dolorosa situación de desigualdad en la que vive la sociedad mexicana. En la raíz de esa desigualdad están muchos factores, pero el estudio apunta a uno que parece especialmente relevante: la disparidad entre la educación pública y la privada. El análisis señala que, por ejemplo, 48% de las escuelas públicas no tienen acceso a drenaje, 31% carecen de agua potable, 12% no cuentan con baños o sanitarios y 11% no tienen energía eléctrica. Además, 6 de cada 10 escuelas no ofrecen a sus estudiantes acceso a un equipo de cómputo que sirva y 8 de cada 10 estudiantes no tienen Internet.Por si fuera poco, los estados con mayores niveles de pobreza en nuestro país: Chiapas, Guerrero y Oaxaca, presentan también los mayores rezagos en materia educativa. En esas condiciones por demás dramáticas, millones de niños tratan de salir adelante. La baja calidad educativa, es uno de los principales factores que perpetúan la desigualdad en nuestro país.  La única forma en que México va a superar esta dramática situación es reconstruyendo su sistema de educación pública y no con ocurrencias.

No hay mejor igualador social que la educación. Si se quiere lograr mayor bienestar para todos, requerimos de una educación de calidad, con maestros mejor preparados y evaluados, con una institución incluyente y efectiva. Sólo con una educación de calidad nuestro país podrá salir adelante y ganar en un mundo global cada vez más competitivo.

Con información de EL UNIVERSAL

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